8.4.08

la negación de la verdad! II

Llegó el puré y, en los momentos en los que ella, descaradamente a propósito, me quitaba la parte quemadita que lo cubría (su favorita) del plato, yo sentía que no tenía fuerzas para comer… ni para hablar… ni para moverme… ni para respirar. Sentía que estaba demasiado cansada y que eso no se arreglaría simplemente con dormir: tenía que morir.
Se los decía y no me entendían. Hablaban de que un ser humano también era un animal y se demostraba especialmente este punto de vista a la hora del sexo desenfrenado y de la comida. Suerte que después se me pasó, sino me iba a casa.

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