Y esa sensación de haber corrido cinco cuadras (me tiembla todo, pero en paz).
Y todos los poros del cuerpo florecidos.
Y morder uñas sin pensar.
Y aromas sublimes.
Y palabras justas (de las recibidas, sin duda), que golpean.
Y pliegues etéreos.
Y esa adrenalina, gota a gota.
Y hasta a veces hay que intentar cerrar la boca, y dejar de hacer planes.
Y que si pongo la mano acá, que si allá.
Y siete horas como veintitrés segundos.
Y mi (ojalá fuera mía) perfección, que camina.
Y mucha bronca contenida (dejé baba en la almohada).
Y acurrucarse.
Y billones de preguntas sin respuesta.
Y voces entrecortadas.
Y mi cabeza es un clip saturado de cursilerías.
Y la tuya está en otra.
Y basta de insomnio!
Y catorce minutos como eternidad divina.
Y cerrar los ojos.
Y dejarse.
Y fluir.
24.9.07
13.9.07
réduit à sa plus simple expression
Las hojas en blanco me hacen estremecer. Es como iniciar un camino nuevo, como dormir sin sábanas, como que el viento haga sacudir las cabezas de la velocidad con la que se produce. Yo lo único que quiero es hacerme un bollito y dormir para siempre en la paz de mi balcón mientras el sol siempre me dé la espalda.
7.9.07
la negación de la verdad!
Los primeros tres minutos de reflexión me deprimí. Los restantes miré su cuarto con detenimiento. Algo había cambiado. Las paredes estaban pintadas por ella misma: mujeres, palabras, árboles, flores. “Y se sienta a tomar café”. Un hombrecito decía “secretos” en un pedacito de pared a la derecha.
Cada vez que llegaba a su cuarto lo sentía más cálido y más cinematográfico. Sí, tenía un cuarto de película. A veces me hacía acordar a “Los Soñadores”. Ese día todavía más. Era una película irreal y fantástica para mí. No quiero decir que ella tenía una vida mejor que la mía. Realmente, en absoluto quiero decir eso, ni nunca lo pensé. Lo que quiero decir es que me ponía contenta, de vez en cuando, saber que podía pertenecer a varios mundos completamente diferentes. Ella era uno de mis mundos. Al que no quería pertenecer de lleno, pero tampoco podría vivir sin visitarlo una vez cada tanto.
Cada vez que llegaba a su cuarto lo sentía más cálido y más cinematográfico. Sí, tenía un cuarto de película. A veces me hacía acordar a “Los Soñadores”. Ese día todavía más. Era una película irreal y fantástica para mí. No quiero decir que ella tenía una vida mejor que la mía. Realmente, en absoluto quiero decir eso, ni nunca lo pensé. Lo que quiero decir es que me ponía contenta, de vez en cuando, saber que podía pertenecer a varios mundos completamente diferentes. Ella era uno de mis mundos. Al que no quería pertenecer de lleno, pero tampoco podría vivir sin visitarlo una vez cada tanto.
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